viernes, 24 de abril de 2015

Estar Con La Experiencia - Eduardo Gómez Haedo


Hola amig@s, comparto con ustedes un texto que escribí para la  Red Mindfulness hace un tiempo. Recomiendo este portal de Mindfulness en el que podrán encontrar material de calidad sobre Mindfulness. Para acceder en :http://redmindfulness.org/

La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo tal como soy, entonces puedo cambiar.
- Carl Rogers
Un puñado de sal en un vaso de agua, afecta a todo ese espacio. Un puñado de sal en un lago, es contenido y diluido por todo ese vasto espacio.
- Tara Brach
A lo largo del día, de la semana, experimentamos, querámoslo o no, sufrimiento. No podemos dejar de sentir angustia, rabia, ansiedad, tristeza, pues son parte intrínseca de nuestra vida. Pero podemos cultivar un vínculo con estos estados anímicos que nos permita hacernos compañía en el sufrimiento, aprendiendo a vivir con él, y desde el momento en que podamos ir aceptándolo, dar pie a que éste se transforme, expandiendo nuestra capacidad para el goce y la libertad.
De lo que estamos hablando aquí es de una cuestión de vínculo con lo que experimentamos.
Desde esta perspectiva, no hay nada que hacer con tales estados, más que disponernos a cultivar un tipo de vínculo con los mismos, en el que el hacerse compañía, con una observación atenta, sin juicios, amorosa, y desde la aceptación, sea la clave para la transformación.
El vínculo con lo que estamos experimentando en el momento presente puede ser de tres clases: 1) De “Inmersión”, en el que nos volvemos eso que experimentamos, todo nuestro ser participa en eso, desde adentro, con o sin intensidad. 2) De “Evitación experiencial”, que se da cuando no entramos en contacto, hay una evitación a experimentar las sensaciones, las emociones, y los pensamientos del presente. Lo experimentado está ahí, pero no es reconocido ni aceptado. Esto suele producir un efecto “puerta trasera” en el que al negarlo vuelve de otra manera, y con más fuerza. 3) La tercera opción es “Estar con”, que implica reconocer y aceptar las emociones, los pensamientos y las sensaciones físicas, sin quedar inmerso en ellas, haciéndoles compañía con una atención amorosa y aceptante.
La “Evitación experiencial” y la “Inmersión” no tienen nada de malo en sí. A veces se torna necesario descomprimir la situación mirando un rato la tele, o cualquier otra cosa que nos lleve a no tener contacto con lo experimentado. A veces es interesante estar inmerso en la experiencia. El problema surge cuando estas formas de vínculo con la experiencia interna se vuelven compulsivas, cuando no podemos hacer otra cosa.
Además, el vivir entre el evitar y el estar inmerso en lo experimentado, nos lleva a perdernos de uno de los vínculos más transformadores en lo que refiere al sufrimiento, el “Estar con”. Este tipo de vínculo con lo experimentado es el que nos interesa cultivar en una práctica de atención plena. Al ir llevando una atención sin juicios, amorosa y de aceptación a lo que estamos experimentando en el presente, vamos generando espacio. No es lo mismo un puñado de sal en un vaso de agua, que en un lago.
Pongamos por ejemplo, que estando en el trabajo, surge en nosotros una mezcla de rabia y angustia por cierta acción de un compañero/a que nos resulta desconsiderada y nos perjudica. Al llevar nuestra atención plena (sin juicios, aceptante, amorosa) a esta emoción (que se manifiesta en forma de sensaciones físicas desagradables o falta de sensaciones físicas) estamos cultivando nuestro potencial intrínseco para crear espacio entre eso y nosotros. Eso que nos está haciendo sufrir va perdiendo su poder sobre nosotros, se desreifica, es decir pierde su valor de verdad, como fantasmas que no tienen nada debajo de su sábana, posibilitando que surja una comprensión más profunda de la experiencia total.
Es que nos vamos saliendo un poquito más de nuestros patrones de reacción habituales. Así, quedando menos presos de nuestras historias internas, nuestra perspectiva frente a la situación se amplía, enriqueciendo nuestra capacidad de respuesta a la misma. Se aliviana también nuestro sufrimiento, transformándose en conocimiento de uno mismo, de las diferentes voces que operan dentro de nosotros, muchas veces en conflicto.
Con el tiempo vamos cultivando nuestra capacidad intrínseca de tener un vínculo más sano con nosotros mismos, y los demás, y de responder a las situaciones con mayor libertad, equilibrio, y bienestar.
No puedes deshacerte de tus temores, pero puedes aprender a  vivir con ellos. ¿Más té?
No puedes deshacerte de tus temores, pero puedes aprender a
vivir con ellos. ¿Más té?

Me gusta pensar en la práctica como si te tratara de cultivar una plantita. Da trabajo, y lleva tiempo, pero de a poco, a veces casi sin darnos cuenta, va dando sus frutos.
Por último es muy importante mencionar la importancia del cuerpo al momento de entrar en contacto consciente con lo que nos sucede. Preguntarnos cómo se nota o se siente esto que me está pasando en el cuerpo, es una de las puertas para establecer un vínculo más real con el momento presente. Aprender a escuchar el cuerpo implica una práctica que va a enriquecer hondamente nuestra capacidad de “estar con” lo que surge momento a momento. El cuerpo sabe cosas que la mente no sabe.
Práctica
Aparte de la práctica formal de Mindfulness diaria recomendada, prueba empezar a hacer pausas en el medio de tu día. Date permiso para parar unos instantes (desde unos segundos hasta unos minutos, del tiempo que dispongas) para ir notando tu estado interno, invitándote a prestarle una atención amorosa, curiosa, y aceptante a lo que vaya surgiendo en ti (estados anímicos, pensamientos, sensaciones físicas). Si puedes cerrar los ojos, te ayudará a notar con mayor profundidad tu interioridad. Pregúntate, ¿en qué estoy? No intentes resolver, ni mejorar nada. Sigue llevando tu atención a lo que va surgiendo.
A veces, cuando nuestros estados mentales y emocionales, con sus sensaciones físicas correspondientes, son de una intensidad baja, resulta fácil hacerse compañía con nuestra atención, “estar con” eso que surge. Pero a veces la ansiedad, u otro estado, lo torna difícil. Si ese llega a ser el caso, invítate a ser compasivo con lo que se va manifestando en ti. Quizás precises mover un poco el cuerpo, desperezarte, dejando que se libere la tensión. Deja que ésta se exprese en tu cuerpo. Puedes, si lo precisas, ir llevando la atención durante unos instantes al entorno (vista, sonidos) o anclar la atención en la respiración. Prueba nuevamente volver de a poco a tu estado interno, dejando que esté lo que esté, como si le dijeras que sí a eso. La clave está en la aceptación. Como abriéndote a la idea de que eso que va surgiendo en ti, tiene buenas razones para estar ahí. Permítete sentir cómo se siente eso en el cuerpo. Puedes terminar la práctica preguntándote qué necesitas, sin esperar una respuesta concreta, dejando que reverbere en ti lo que vaya viniendo. Sigue con tu día.

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